Ojos tristes

Mi familia humana no ha regresado.

Olfateo de nuevo la puerta de la entrada y lanzo otro chillido.

Extraño a la cachorra humana mayor. Extraño sus caricias en mi cabeza, su voz, su olor, que me aviente la pelota, que mi mire fijamente a los ojos y luego que con sus labios acaricie mi cabeza. Incluso, irónicamente, extraño que me apriete contra ella cuando asomaban en sus ojos gotas de agua.

Me dirijo de nuevo al zaguán corriendo, deseando con todo mi corazón que pronto lleguen.

Tampoco puedo olvidar a la otra cachorra humana. Recuerdo que cuando me hacía caricias eran bonitas y me hacían sentir muy tranquilo. Su olor a fresas me embriagaba y la reconocía desde antes de verla cerca de mí.

Lanzo otro chillido, no puedo evitarlo. Siento que me han abandonado. Me siento solo, siempre he odiado este sentimiento y trato de evitar sentirlo ya que mi familia humana siempre terminaba volviendo.

Aunque esta vez es diferente, lo presiente mi corazón.

Ya llevan 7 lunas fuera de casa.

La única vez que he visto a un humano después su partida fue cuando vi a humana adulta. Recuerdo que vino a checar mi alimento. Tenía los ojos irritados y emitía ruidos lastimosos seguidos de gotas resbalando por sus ojos.

-No volverán, Twinky.

Esas palabras yo no llegaba a comprenderlas pero no me rendía. Solo sé que mi corazón sabía que no eran nada bueno.

Se acerco a mi alimento y al verlo lleno se marcho sin volver a mirarme. No he comido casi nada desde el día en que se marcharon. Simplemente no puedo. Y, sinceramente, el hambre no es lo que me preocupa precisamente. Sé que si no vuelven jamás volveré a probar bocado.

Entonces, desesperado, empiezo a lanzar aullidos. Algo que jamás había hecho.

Alguien golpea el zaguán con fuerza y grita:

-¡Cállate estúpido perro!

La única palabra que logro entender es “perro” ya que mis humanos la solían utilizar para referirse a mí.

Sigo aullando mientras la octava luna se hace presente en el cielo.

Mi estómago exige comida así que me acerco a mi plato de croquetas pero en cuanto el olor a comida llega a mi nariz siento ganas de vomitar así que me limito a darle un par de lenguetazos al agua.

En verdad, me hacen mucha falta.

No he podido dormir bien ya que yo solía dormir en el cuarto de la cachorra humana mayor y el frío del patio no me deja estar a gusto.

Entonces, escucho como introducen la llave a la cerradura del zaguán. Mi corazón brinca de alegría y lleno de felicidad corro con mi cola moviéndose muy rápido pero en cuanto me doy cuenta que es humana mayor mi cola se queda quieta y mis orejas se pegan más hacia mi cabeza. Estoy triste y decepcionado.

-Twinky… -Susurra humana mayor y me sorprendo al darme cuenta de que su voz es triste y se escucha cansada –No puedes quedarte más en esta casa. Ellos murieron en un accidente de auto y nunca volverán –continúa derramando gotas de dolor que solía ver en cachorra humana mayor –y he hablado con la familia. Te vienes a vivir conmigo –Aclara y se enjuga las gotas que salen de sus ojos.

Veo como se acerca a mi plato de comida y observo como agarra la cubeta de agua. No entiendo qué está haciendo.

Camina hacia el zaguán con mis platos en la mano.

-¡Ven, Twinky! –Me llama, esa frase sí la logro entender ya que era lo que me gritaban cuando quería que me acercara a ellos.

La sigo con cautela y en cuanto salgo de mi casa la cierra con llave.

Me dirige a la casa contigua y me obliga a meterme.

Al entrar al patio me meto rápidamente a la casa y me llevo una gran sorpresa.

Hay cuatro cajas enfrente de unas veladoras en la mesa.

Humana mayor ha dejado mi alimento en un rincón del patio y al buscarme me encuentra sentado mirando aquellas cajas. Se acerca con paso lento y me sonríe tristemente.

-Eres un perro listo, encontraste a tu familia. Esta caja es de Anne –Dice señalando la primera caja –Son sus cenizas.

Paro un poco las orejas escuchar el sonido de “Anne”, así le solían decir los humanos adultos a la cachorra mayor.

La busco con la mirada esperanzado pero ella mueve su mano insistiendo que mire la caja. Arrugo la frente, no entiendo.

Salgo al patio, me dirijo a la puerta y olfateo una vez más. No conozco ningún olor y no hay ni rastro reciente de mi manada.

-Twinky, no gastes tus fuerzas. No volverán –me aclara y se mete a la casa dejándome solo en el patio.

Me acuesto mirando hacia la puerta que da a la calle, no me cansaré de esperarlos. Tienen que llevarme con ellos. Prometieron no abandonarme… ¡Lo prometieron! Pero esa promesa ahora parece tan falsa…

Estando en mi casa las esperanzas de que volvieran eran mucho mayores pero ahora cada luna que pasa es un “nunca los volverás a ver”. Cierro los ojos, exhausto.

Y así pasan varias lunas sin que yo apenas me percate de ello. No como y ya ni siquiera tomo agua. Humana mayor siempre me acerca los platos pero yo solo me limito a mirarla con tristeza.

-Deberías llamarte “Ojos tristes” –Me susurra y yo tan solo cierro los ojos tratando de dormir otra vez. Lástima que esta vez es para siempre.

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