El guardián de la montaña rusa (Parte tres)

Queridos lectores: ¡Espero tengan un hermoso jueves! Aquí les dejó la continuación de “El guardián de la montaña rusa”. La historia ha estado dando vueltas en mi cabeza así que creo que será un poco más larga de lo proyectado. Para no perder la costumbre, un día escribiré un relato diario, diferente (como antes) y al otro la continuación de esta historia. Para que haya más variedad en el blog. Es decir, mañana habrá una publicación de un tema diferente y, después continuaré con esta historia.

Sin embargo, el 3 de agosto (el día en que correspondería la publicación de la siguiente parte de este relato) habrá una publicación especial por el aniversario del blog así que continuaré con esta historia hasta el cuatro de agosto, ¡No se la pierdan!

Los tres se encaminaron al puesto de palomitas más cercano, justo después de que Luis mencionara su gusto por ellas. Su padre se acercó al vendedor para comprarlas.

-Yo soy Thomás -Se presentó el otro niño y, luego, con la cabeza señaló a su padre- Él igual -Entonces bajó la voz para que sólo pudiera escuchar Luis -Sólo que a él le dicen señor y a mi junior. A veces es fastidioso, ¿Qué a mis padres no se les ocurrió otro nombre?

Luis le agradeció en silencio que le hubiera compartido eso. Nadie le solía hacer confidencias tan rápido.

-A lo mejor lo hicieron porque querían que te convirtieras en un hombre como tu padre -Sugirió Luis, algo tímido.

-Pero… ¿y si no lo quiero ser? ¡Quiero ser yo mismo, no ser mi padre! -Replicó algo dolido. Al parecer, eso le afectaba más de lo que pensaba Luis.

-¡Listo, chicos! ¡He conseguido sus palomitas! -Exclamó el señor Thomás, mientras se acercaba a ellos, luego le ofreció una bolsita a cada uno. Después, centró su atención en su hijo-Junior, tengo que regresar al trabajo, ¿Quieres terminar de enseñarle el parque a Luis?

Thomás hijo asintió con la cabeza y su padre les sonrió a ambos.

-Tengo la sensación de que serán buenos amigos -Mencionó, luego se dio media vuelta y se perdió entre la gente.

-Pero no lo entiendo, tu padre parece buena gente -Se atrevió a decir Luis. Quería ser sincero con él, ya que Thomás también lo había sido y así se empieza una amistad ¿no?

-No lo conoces -Dijo el niño sombríamente y bajó la mirada. No era la primera vez que escuchaba esa expresión. Todos los del parque pensaban que el señor Thomás era un ejemplo, pero nadie sabía los extraños actos que realizaba en la casa embrujada cada noche… Se supone que él tampoco debía estar enterado de eso, pero un día lo descubrió por accidente y fue porque tenía tantas ganas de verlo para contarle su gran hazaña de la escuela que no pudo esperar a que regresará a casa, así que fue al sótano de la casa embrujada, a pesar de las continuas advertencias de sus padres de que nunca fuera al pasar las 22:00 horas.

Thomás había entrado discretamente al lugar para sorprenderlo pero se quedó mudo al ver la sombra de un hombre levantando un hacha. Un alarido de dolor le había hecho entender que ese instrumento iba dirigido a otro ser humano, para ser más específicos, a un niño.

Tuvo tanto miedo que salió pitando del lugar, sin atreverse a ver con sus propios ojos esa escena, pero esa sombra, ¡esa maldita sombra! volvía cada noche a su mente, por medio de las continuas pesadillas que tenía a partir de ese día. No sabía porque pero estaba seguro de que esa sombra, horrenda y gigante, era de su padre.

Una vez había estado a punto de mencionar el tema mientras cenaba con su padres pero no se atrevió, pues la mirada de su padre se tornó fría y hostil cuando mencionó la casa embrujada.

-¿Qué dijiste, Junior?

-Nada, padre. Sólo quería saber por qué no querías que fuera en las noches.

-Es peligroso. Sólo debes entender eso, ¿entendido?

-Sí, padre.

Entonces, había bajado su cabeza y había obligado a que las palabras que amenazaban con salir de él, se quedarán donde estaban: atoradas en su garganta.

-Perdón, Thomás. Creo que tienes razón. Todos dicen que mis padres son buenos pero me han abandonado aquí -Dijo Luis algo dolido, sacándolo de sus pensamientos.

-¿Abandonado? -Le preguntó, con curiosidad sincera. Sabía que su padre quería que se hiciera amigo de él para evitar que llegara a ser el guardián de la montaña rusa, pero a él no le importaba ese papel. Además de que sentía que necesitaba un amigo, un amigo verdadero y quizá Luis se podría convertir en eso.

-Sí, se han ido y me han dejado con un tío que apenas conozco. Jamás había pasado mis vacaciones de verano sin ellos y duele ¿sabes? Duele mucho.

Thomás le sonrío tristemente, él lo entendía. Ese abandono también ya lo había vivido.

-Pero nos tenemos el uno al otro -soltó Thomás e hizo un puño con su mano -Hagamos un pacto.

-¿Pacto? ¿De qué? -Cuestionó Luis, muy emocionado, ¡Estaba logrando pertenecer, por fin, a algún lugar fuera de su entorno familiar!

-De que seremos los mejores amigos y de que no nos mentiremos.

Luis aceptó y ambos golpearon sus puños, cerrando así esa promesa. Esa promesa que ninguno sabía que sería difícil de cumplir….

Anne Kayve

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Leer la continuación (Próximamente: 4 de agosto de 2019)

Imagen de jing shi en Pixabay

10 comentarios sobre “El guardián de la montaña rusa (Parte tres)

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