El guardián de la montaña rusa (Parte cuatro)

Queridos lectores: Estaba leyendo las entradas que he publicado de esta historia y me di cuenta de algunos errores. Creo que serán comunes porque la estaré escribiendo por partes así que si localizan alguno me gustaría que me dijeran para corregirlo lo antes posible y así juntos podamos terminar “El guardián de la montaña rusa”, ¡Feliz domingo!

Thomás le mostró a Luis las diferentes secciones en las que se dividía el parque de diversiones: la iniciación, compuesta por juegos para niños pequeños; la aventurera, que tenía todos los juegos familiares; y la temeraria, la zona perfecta para los que iban al lugar en busca de emociones fuertes.

Ésta última sección fue la que más llamó la atención de Luis. Por una parte, porque los juegos eran muy grandes y diferentes a los que había en la feria que se ponía cada año por su casa y, por otra, porque aunque le daban miedo, tenía una sensación extraña que le ordenaba que se subiera a todos, sin excepción alguna.

-Y esa, la del fondo, es la casa embrujada -Anunció Thomás, imitando el tono que hubiera ocupado un guía turístico -El lugar en donde encontrará las emociones más intensas que pueda experimentar en su vida.

Luis tragó saliva, recordando la advertencia de su tío de que no debía acercarse ahí.

-Es hermosa ¿verdad? -Le preguntó Thomás, con una media sonrisa -Mi papá es el dueño.

Luis abrió sus ojos como platos. Así que había estado desobedeciendo a su tío todo este tiempo ¿no? ¡Pero el señor Thomás y su hijo se le hacían las personas menos peligrosas del mundo! A lo mejor sólo exageraba y su tío no se había dado el tiempo para conocerlos. Sí, eso debía ser.

-¿Qué te pasa? ¿Nunca has entrado a ninguna?

Luis negó con la cabeza.

-No son mi tipo de atracción favorita. Mi mamá dice que nada dentro de ellas es real, pero no estoy muy convencido de ello.

-Tu madre tiene razón. Sin embargo, en la noche… -Empezó a decir Thomás y luego calló súbitamente.

-¿En la noche qué?

-Es que se supone que no debo decir nada. Anda, vamos a la sección aventurera, conozco un juego que te encantará- dijo mientras se encaminaba a esa zona pero Luis no se movió de su sitio.

-¿En la noche qué? -Repitió.

-En la noche pasan cosas extrañas -Terminó confesando Luis, sabiendo que si no se lo decía a alguien, iba a explotar.

Luis tragó saliva, ¿Y si eso estaba relacionado con lo que le dijo su madre a su tío, lo de los niños desaparecidos?

-¿Y nunca has investigado? Digo, si tu padre es el dueño, no creo que sea complicado que te acompañe…

-No me deja acercarme después del anochecer.

-¿Quieres que te acompañe a resolver el misterio? -Preguntó Luis. Moría de miedo pero quería descubrir qué es lo que estaba pasando en ese lugar.

Thomás se quedó callado unos momentos y, después, asintió con la cabeza.

-Te veo a las ocho, enfrente del puesto de palomitas ¿Hecho?

Ambos se miraron a los ojos y volvieron a chocar sus puños para sellar así esa promesa.

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Anne Kayve

Imagen de jing shi en Pixabay

5 comentarios sobre “El guardián de la montaña rusa (Parte cuatro)

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