El guardián de la montaña rusa (Parte cinco)

Queridos lectores: ¿Ya listos para la quinta parte de “El guardián de la montaña rusa”? Espero que la disfruten tanto como yo, ¡Bonito martes!

Horas después, Luis estaba cenando con su tío en su modesta casa, la cual se encontraba al lado de la montaña rusa. Rob aún llevaba su uniforme, pues el parque apenas había cerrado. Al chico se le hacía horroroso porque era rojo y tenía un aire de haber sido usado por militares en otra época, lo cual lo disgustaba de sobremanera porque sabía que la guerra había sido una de las razones para que sus padres lo dejaran ahí.

-¿Qué te pareció el parque? ¿A cuáles juegos te subiste, hijo? -Le preguntó su tío mientras soplaba la sopa que estaba en su cuchara.

-A ninguno. Sólo me dediqué a pasear -Respondió Luis, sin muchas ganas y siguió jugando con su cuchara. No le gustaba mentir así que prefería no hablar para no caer en eso.

-¿Te gustó el lugar? -Insistió Rob dejando su cuchara en el aire.

-Es interesante.

-¿Con qué interesante, eh? ¿Por qué te pareció así? -Preguntó y después metió la cuchara a su boca.

-Por nada -Dijo tajantemente, harto de sus preguntas, ¿qué no podía dejarlo tranquilo? el hecho de que estuviera ahí no significaba que tenían que conocerse.

Su tío hizo su plato a un lado y se le quedó viendo.

-¿Qué pasa, hijo? ¿Todo bien?

-Sí.

-¿Seguro?

-¡Ya te dije que sí! ¿Puedo irme? No tengo hambre.

-Pero apenas has tocado tu sopa…

-Por favor, quiero salir un rato.

-¿Salir? ¿A esta hora? ¡Son cuarto para las ocho! Es peligroso, Luis. No, después de siete y media no puedes salir de la casa.

Luis cruzó los brazos enojado, ¿quién era ese tipo para darle órdenes? Además, ¡Le había hecho una promesa a Thomás, su único amigo, y no estaba dispuesto a romperla!

-Hijo, por favor. Promete que no saldrás nunca después de las siete y media.

-Sólo si me das una razón válida -Respondió y lo miró a los ojos. Si antes dudo en hablarle de los niños desaparecidos, no creía que lo hiciera ahora porque “eran cosas de grandes”.

-¡Porque no quiero y ya está! -Exclamó parándose de su silla y golpeando la mesa. Era la primera vez que le alzaba la voz, razón por la cual Luis tragó saliva asustado -¿Me entendiste? ¡Tal vez tu mamá cumple todos tus caprichos pero yo no! ¡Vete a tu cuarto!

Luis no esperó a que lo volviera a repetir y salió corriendo a la habitación que su tío le había adecuado. No quería que le gritara más. Además, de que quisiera o no, Rob tenía razón: estaba a cargo de él y, por ende, ahora constituía su mayor autoridad.

Se puso en la esquina más alejada de la puerta y se abrazó a sí mismo, preguntándose en dónde diablos se había metido sus padres y, una vez más, los maldijo por haberlo abandonado en ese lugar.

Quiso sollozar, pero la sensación de que alguien lo observaba, lo hizo contenerse. Observó su alrededor pero no vio nada fuera de lo normal. Luego, su mirada se quedó clavada en la ventana. Después de todo, quizá no tenía que romper la promesa que le había hecho a Thomás.

Leer desde el principio

Leer parte anterior

Leer continuación

Anne Kayve

Imagen de jing shi en Pixabay

Anuncios

6 comentarios sobre “El guardián de la montaña rusa (Parte cinco)

Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: