El día de la revelación #52RetosLiterup (Octavo relato)

Queridos lectores: lo acepto, soy culpable. Estos días he estado inmersa en tantas cosas que casi he olvidado los #52RetosLiterup. Me prometí a mi misma que al final del año los tendría todos así que ha llegado el tiempo de continuar con ellos, ¡Que pasen un excelente miércoles!

Reto: Haz un relato con un personaje mitológico como protagonista.

Como soy mexicana, he decidido elegir un personaje mitológico de mi país. Espero disfruten el relato, ¡Un abrazo gigante a todos! Algunas cosas están apegadas a lo que investigue, sin embargo, otras son sacadas de mi imaginación.

Mis padres Ometecuhtli y Omecíhuatl, los grandes señores de la dualidad, no han dejado de discutir sobre mí. Dicen que deben ponerme un nombre pero como no he manifestado ningún poder, no saben cómo elegirlo. Ellos piensan que no los escuchó o que soy muy pequeño para entender la gravedad de la situación, así que no saben que me lastiman. Hieren mis sentimientos y me hacen llorar. Muchos piensan que por ser dioses no sentimos, pero se equivocan; o quizá sea verdad: no soy un dios como ellos, ¿es hora de empacar mis maletas e irme de casa? Quisiera hacerlo lo más pronto posible, pero estos días el clima ha estado nefasto: no han dejado de haber rayos y granizo. Es como si el clima estuviera sincronizado con mis estados de ánimo.

-¿Y si le ponemos un nombre para darle poderes? -Sugirió mi padre un buen día mientras me observaban como si fuera un bicho raro -A lo mejor funciona.

-¡Pero no fue así con nosotros! -Exclamó mi madre, algo aturdida. Creo que estaba igual de desesperada que mi padre.

-¡Pero debemos presentar ante los humanos nuestra creación! ¡Y no podemos hacerlo si no van a tener razones para adorarlo!

-¡Paren! -Grité y golpeé la mesa con mi pequeño puño, Tenía mis ojos anegados en lágrimas y sentía mi corazón destrozado.

Mis padres abrieron sus ojos como platos, pues un rayo cayó justo cuando yo le pegué a la mesa.

-Cariño, creo que hemos encontrado la respuesta que tanto buscábamos -Le dijo mi padre, pero no yo entendí a qué se refería. Entonces, se levantó y contento, me abrazó fuertemente. Eso me hizo sentirme protegido, por primera vez en muchos meses.

Mi madre se unió a nosotros.

-Mi pequeño Tláloc, el néctar de la tierra- Susurró en mi oído, ¡Por fin habían encontrado un nombre para mí! Tláloc, Tláloc, Tláloc, ¿pero qué significaba exactamente? ¿De qué era capaz yo?

Mi padre pareció leer mi mente, pues agarró mi mano y me llevó la ventana. Vi como el clima había mejorado de manera considerable y como pequeñas gotas de lluvia escurrían por la ventana.

-Hijo mío, Tláloc, eres el Dios de la lluvia, del rayo y de los terremotos. Nos costó trabajo descubrirlo pero después de que ese rayo cayó, ya no tengo ninguna duda.

Sonreí y puse una mano en la ventana. Por fin, el día de la revelación más importante para mí había llegado. Yo era el encargado de esos fenómenos naturales y los humanos tenían que rendirme homenaje para que yo los controlara y no los dañara.

Mis padres me agarraron de las manos y nos quedamos observando el clima varios minutos. Después me dijeron que tendría que aprender a manejar mis poderes y a convertirme en un gran dios. Yo asentí. Nada más quería en este mundo, nuestro mundo.

Anne Kayve

Imagen de tatlin en Pixabay

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