El guardián de la montaña rusa (parte siete)

Queridos lectores: hoy sí les debo una disculpa. No había podido continuar con la historia, pero ahorita me estoy dando un tiempo para hacerlo, ¡Bonito domingo!

El sonido de unos gritos desgarradores sacó a Luis de su ensoñación. Por unos momentos, olvidó todo de él y de lo que estaba pasando a su alrededor. Sin embargo, al observar su alrededor, toda la realidad le cayó como un balde de agua fría, ¿Dónde diablos estaba y cómo había llegado ahí? Estaba en una especie de calabozo. Además, no lograba entender en su totalidad cómo había perdido el conocimiento tan rápido…

-¡Te dije que no te acercaras! ¡Te lo advertí! -Gritó alguien, furioso.

Luis intentó localizar la fuente de esa voz, pero al parecer venía del piso superior. Se levantó y se acercó a las rejas que lo tenían prisionero. Había una luz muy débil, por lo que no podía ver lo que había a su alrededor.

-¡Perdón! ¡Perdón! ¡Por favor! ¡Baja eso! -Suplicó Thomás y a Luis se le hizo la piel de gallina. No sabía con quién estaba hablando su amigo, pero no auguraba nada bueno.

-¿Qué? ¿Eso? ¡Pero es mi juguete favorito! -Continuó la voz y el sonido de una sierra inundó el lugar. Luis, por instinto, dio unos pasos atrás hasta que su espalda dio contra la pared. Un nudo gigante se había instalado en su garganta y sintió ganas de llorar.

-Lo lamento. Tengo que hacerlo, lo sabes y lo entiendes ¿verdad? -¡No! Y jamás podré perdonarte por hacer eso. Mi amigo me vengará, yo lo sé.

-¿Amigo? ¿El sobrino del guardián de la montaña rusa? ¡Ja! ¿No viste lo fácil que fue dejarlo inconsciente? ¡Podría haber hecho lo mismo contigo pero quería que supieras toda la verdad antes de morir! Además, lo tengo allá abajo, en el calabozo. Tú sólo perderás una extremidad, él la vida.

Luis, ante esas palabras, empezó a sudar frío. Tenía que salir de ahí antes de morir en manos de ese loco. Empezó a tentar las rejas, buscando la cerradura. A lo mejor, sólo a lo mejor podrían haber olvidado ponerle llave ¿No? Sí, bastaría con empujarla…

El sonido de la cierra y los gritos cada vez más desgarradores de su amigo, lo hicieron parar en seco. En su mente, empezó a ver toda la sangre corriendo por todos lados. Después, empezó a ver manchitas amarillas y, de nuevo, todo se volvió negro, por más que intentó mantenerse consciente.

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Anne Kayve

Imagen de jing shi en Pixabay

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5 comentarios sobre “El guardián de la montaña rusa (parte siete)

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  1. Madre mía Anne🙈🙈 mira que a mi no me gusta leer nada sobre muertes o terror..y me gustaba la serie del equipo A, porque no moría nadie aunque se cayera de un helicóptero a mil metros de altura!!! Pero estoy esperando el desenlace 😃 te felicito 😘

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