El guardián de la montaña rusa (parte 8)

Queridos lectores: Es hora de seguir con nuestra historia más larga en el blog hasta el momento (El guardián de la montaña rusa) ¿Están listos? ¡Adelante!

-¡Llévalo al calabozo! ¡Más tarde me encargaré de él! ¡No, guardián de la rueda de la fortuna, no va a escapar! ¿Cómo puede hacerlo si no tiene un brazo?

Luis estaba despertando de su desmayo y su cerebro no podía procesar esas palabras muy bien, le costaba entender las repercusiones que tenían. Se tocó la cabeza, le dolía mucho. Tal vez se había golpeado al caer.

-¡Pues sí! ¡Es la única celda que tiene esta casa embrujada!

¿A caso se referían al lugar en el que Luis se encontraba? Se fue hasta el fondo al escuchar unas pisadas cerca. Por alguna extraña razón, sentía que no iba a salir vivo de ahí y menos solo. Apenas conocía el lugar y jamás había tenido la oportunidad de preguntarle a su tío Rob todos los escondites y salidas disponibles.

Alguien metió las llaves a la cerradura y metió una camilla al calabozo. Luis quiso gritar cuando vio que el malherido era su amigo Thomás y que la persona que lo llevaba era el señor que se encontraba hasta arriba de la ruleta rusa. Quizá él había sido su raptor, aunque no estaba seguro de ello.

Cuando la persona vio que el chico lo estaba observando, paró en seco y dibujó en su rostro una sonrisa maléfica:

-Hola pequeño guardián de la montaña rusa, ¿en verdad creíste que ibas a ocupar el lugar de tu tío? ¡Ja! Si tu madre se hubiera casado conmigo, nada de esto hubiera pasado pero ya ves, la vida es muy paradójica. Ahora te tengo en mi poder y sé que ella volverá- Se acercó un poco más al niño pero, por instinto Luis se pegó más a la pared- Te diré un secreto, amiguito, sólo le estoy ayudando al guardián de la casa embrujada porque me interesa que ella esté aquí, no porque quiera estar al mando de este parque.

Luis tragó saliva mientras el guardián de la rueda de la fortuna abría la celda en que se encontraba. Después, con poco esfuerzo empujo la camilla y volvió a cerrar todo.

-Aquí te dejó a tu amigo, pequeño guardián. Espero que no extrañe mucho su brazo.

Dicho eso, salió del sótano y cerró con fuerza. Tenía que seguir ayudándole al guardián de la casa embrujada. Quería hacerle creer que estaba de su lado, pero en sus planes cabía la posibilidad de que el hijo del amor de su vida muriera, ¡No señor! Lo necesitaba vivito y coleando si quería que ella, por fin, aceptará su amor, ¡Quince años había esperado ese momento y no iba a desperdiciar su única oportunidad!

-Listo, guardián de la casa embrujada. Los dos están encerrados en la misma celda del calabozo.

-Bien, prepara el ritual. Haremos la transferencia del poder antes del amanecer. Yo iré en busca de Roberto, pues necesitamos también su sangre para que el proceso se complete.

El guardián de la rueda de la fortuna asintió en silencio. Lo primero que haría cuando se fuera su “aliado” era marcarle a la madre del niño para quedar ante ella como un héroe: la persona que salvó a su hijo de la más dolorosa e insoportable muerte…

Leer desde el principio

Leer parte anterior

Leer continuación

Anne Kayve

Imagen de jing shi en Pixabay

Anuncios

9 comentarios sobre “El guardián de la montaña rusa (parte 8)

Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: