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Uno, dos, tres

Queridos lectores: Debo confesarles que escribir este relato fue extraño. Cuando me estaba decidiendo de qué hablaría hoy, una vocecita empezó a decir «uno, dos, tres…» en mi cabeza y mis dedos empezaron a fluir…

Uno, dos, tres. Salto la cuerda, doy medio giro y me agacho así. Cuatro, cinco, seis. Me agacho así, doy medio giro y salto la cuerda. Siete, ocho, nueve, diez. Salto la cuerda, doy medio giro y…

-¡Eleonor! ¡Para! ¡Por favor! ¡No lo soporto! -Grita Emily, mi hermana mayor, con los ojos desorbitados -Si papá descubre que lo estás volviendo a hacer…

-¡No le digas, Emy! -Exclamo asustada mientras suelto la cuerda y me acerco corriendo a ella -Por favor -Suplico y empiezo a lloriquear. No quiero que mis padres me vuelvan a enviar a ese tenebroso lugar lleno de paredes blancas y doctores sin corazón.

-Pero Ele, de nuevo estás haciendo ese extraño rito…

-¡Es un juego! ¡Es un juego! ¡Te juro que él me dijo que es un juego!

-¿Ha vuelto? -Cuestiona aterrada y, después me toma de la mano -Debemos decirlo antes de que sea demasiado tarde.

-¡No quiero! ¡No quiero! -Grito mientras intento zafarme de ella, pero tiene más fuerza que yo. Odio que sea la más grande-¡Déjame, Emy! ¡Déjame! ¡Él forma parte de mí! ¡Él forma parte de mí!

-¡Y justo ese es el problema! ¡Los doctores dijeron que se había ido ya de tu cabeza! Y si ha regresado, debemos hacer algo -Dice arrastrándome a la casa.

-¡Mentí! ¡Mentí! ¡Nunca se fue! -Digo mientras lloro, después me tiro al suelo, ya que no puedo quitar su mano de la mía.

-¿¡Qué!? -Pregunta atónita e intenta levantarme. Es fuerte, pero no lo suficiente como para cargarme y obligarme a entrar a la casa -Vamos, Ele. Vamooss. Lo tienen que saber mis padres, sin perdida de tiempo, ¡Es por tu bien! ¡Por favor!

MUERDE! -Me ordena ÉL y yo obedezco, sin detenerme a pensar en las consecuencias de esa acción.

-¡Eleonor! -Me reprende Emily y me suelta. Al parecer, con el mordisco le he hecho daño.

-¡CORRE!

Yo lo hago y veo que, por arte de magia, la puerta del jardín (la que se había pasado atascada más de dos años) se abre sola. Paso por ella a gran velocidad, sin mirar atrás. Después de unas calles, me detengo en un parque, buscó un árbol frondoso que pueda esconderme y empiezo a llorar.

-¡TRANQUILA! AHORA YA NADIE NOS PODRÁ SEPARAR -Me dice con suavidad y yo asiento. Tiene razón. Ahora ya nadie podrá hacerlo.

-Pe…pero ¿a dónde iré? -Pregunto, con gran pesadumbre. Tengo frío y no hay nadie que me proteja…

-A CASA -Dice ÉL y yo cierro los ojos, para convencerme de que es ahí a donde debo llegar: a un lugar en donde me dejen vivir con él y que entiendan que es parte de mí.

Anne Kayve

Imagen de stephennorris en Pixabay

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