Nuestra historia

Queridos lectores: a veces, mi proceso de escritura suele ser diferente. Por lo regular, la idea surge solita y, luego, me encargo de buscar alguna imagen con la cual ilustrarla. Sin embargo, hoy vi una serie de ilustraciones y elegí uno para que naciera el relato que están a punto de leer. Espero lo disfruten y tengan un hermoso e inolvidable viernes.

Nelly, tratando de ocultar una sonrisa, miró el hermoso libro que reposaba sobre la mesa central de la sala. Quería que fuera suyo, siempre lo había deseado, pero su madre le había prohibido agarrarlo, ¿Por qué? No lo sabía y eso aumentaba su anhelo de tenerlo entre sus manos. Y, ahora, estaba a su alcance, pues mamá lo había dejado olvidado ahí, sin su usual candado que le servía como protección.

-Nelly, cariño. Ven a acostarte -Le ordenó su madre desde el piso de arriba, ella corrió hacia ese objeto y lo escondió detrás de su espalda con delicadeza. Lo leería toda la madrugada y, al día siguiente, lo devolvería a su lugar.

-Voy, mamá -Le respondió, con el corazón latiendo a mil por hora. No veía la hora de olerlo, acariciarlo y empezar a leerlo. Después, empezó a subir las escaleras y corrió a su cuarto para poder esconderlo debajo de su almohada.

Su madre se fue a despedirse de ella y, cuando estaba a punto de cerrar su puerta, se le quedó viendo. Como si supiera que algo estaba escondiendo.

-¿Todo bien, Nelly?

-Sí, ¿Por qué?

-Sospecho que tramas algo, pequeña diablita -Le dijo, observándola de pies a cabeza.

-¿Algo como qué, mamá? -Le preguntó, con tono inocente.

-Nada, ya, duerme -Dijo y apagó las luces.

La niña espero a que se dejaran de escuchar sonidos en la casa y, después de unos breves instantes, sacó su celular para alumbrar su tesoro.

Leyó el título, y casi ahoga un grito cuando vio el nombre de la autora: Aurora Kimt. Su progenitora no se llamaba así, pero sabía que la abuela siempre la había apodado así. Entonces… ¿Lo había escrito su madre? ¿Por qué jamás había querido que lo leyera? ¡Por Dios! ¿No sabía lo orgullosa que estaba de ella y de lo mucho que le entusiasmaba ser hija de una escritora?

Lo abrió con delicadeza, con sus manos temblando. Quizá, con esa lectura, podría entender más a ese ser humano que la había criado y que tanto la amaba.

Para su sorpresa, el libro sólo estaba conformado por hojas en blanco. Se sintió tan frustrada por ello que empezó a hojearlo desesperada, tenía que haber algo, ¡Una frase, una palabra! ¡Algo que revelará el misterio!

Pero no encontró nada.

Toda la noche tuvo pesadillas con ese acontecimiento. En una, las palabras estaban escritas con sangre y, en otra, de las páginas surgía un monstruo que terminaba matándola.

Como no pudo conciliar el sueño de nuevo, agarró el libro y decidió devolverlo a su lugar para sentirse más tranquila.

Cuando bajó las escaleras, vio a su madre sentada mirando hacia el lugar en donde debía estar el libro. Estaba tan sumida en su llanto que no se dio cuenta de su presencia.

-¡No está! ¡No está! ¿Qué voy a hacer? Era mi última esperanza de publicar un libro: escribiéndolo a mano y, ahora, el destino me lo ha arrebatado.

Eso hizo que Nelly empezará a sentir un nudo en la garganta, razón por la cual se paró enfrente de ella y le tendió el libro para que lo agarrara.

Su madre se sobresaltó con su presencia. Al parecer, no esperaba verla ahí y, mucho menos, que ella fuera la culpable de su llanto.

-¡Perdón, perdón, perdón! ¡No pensé que fuera tan importante para ti! -Sollozó la pequeña mientras su madre la abrazaba. Para hacerla saber que la perdonaba, le acarició el cabello y le susurro al oído:

-Nelly, no quería que lo vieras porque si bien, nunca pude llegar a publicar un libro, quería que el único que escribiera fuera para ti, mi niña. Quería que fuera sorpresa.

Ambas se quedaron calladas y, de repente, a Nelly se le ocurrió una magnífica idea:

-¿y si lo escribimos juntas, mamá? Así nos pertenecerá a las dos para la eternidad.

Su madre le sonrío, agarro sus pequeñas manos y las besó. Después, se levantó, buscó una pluma en el estante y se la ofreció.

-Es mi vieja pluma fuente. Ahora te pertenece, mi pequeña escritora. Tú tienes el poder de empezar a escribir. Te toca la primera página. Deja salir todo, cariño, y no censures nada.

Tras sus palabras, empecé a escribir entusiasmada. Un poco triste de que mi caligrafía no fuera tan buena como la de ella. Sin embargo, cuando terminé, no le importó el aspecto que tenía.

-Es perfecto -Confesó y ella escribió la siguiente página.

Y así, queridos lectores, es como ella y yo, empezamos a escribir nuestra historia para congelarla en nuestro corazón para siempre.

Anne Kayve

Imagen de Myriams-Fotos en Pixabay

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