Ruidos en el sótano

Queridos lectores: Este texto fue enviado a un concurso; no ganó. Es por ello que se los comparto. También les informó que volveré a retomar otra historia que tengo y que también pondré todo mi empeño en terminar “El guardián de la montaña rusa”. No desesperen, poco a poco, pasito a pasito.

Sulley despertó gracias a un horroroso sonido metálico que provenía del sótano. Su madre le había advertido que no tenía que bajar en ninguna circunstancia, ya que ahí estaban enterrados todos sus familiares y mascotas fallecidas y no debía molestarlos.

Le había sido fácil acatar esa orden por cinco años pero, ahora, ese ruido la despertaba siempre que el reloj daba las dos y media de la madrugada. Al principio, eso le había causado furia, pues estaba acostumbrada a dormir bien, pero conforme pasaba el tiempo, la curiosidad y la angustia se estaban apoderando de ella.

Una vez intentó preguntarle a su mamá a qué se debían esos sonidos, ya que si sólo había muertos no debería escucharse nada ¿o sí? pero en cuanto mencionó el sótano la reprendió y la castigó por dos semanas. Lo mismo hizo con su padre pero él se limitó a encoger los hombros y decirle que eran sólo imaginaciones de ella.

Sulley estaba segura de que no era así y, debido a que ninguno de los dos había querido ayudarle, se prometió descubrirlo por sí misma así que se puso sus pantuflas y empezó a bajar las escaleras hacia la sala con cuidado.

El ruido metálico se hizo más estruendoso y a ella se le aceleró el corazón ya no muy segura de su decisión, ¿Qué tal si era algo peligroso? ¿Y si mejor volvía a su cama y hacía como si nada hubiera pasado?

No, eso sería cobarde y ¡ella era la chica más valiente del planeta! ¿no? O eso era lo que siempre su padre le decía cuando moría de miedo por algo.

Siguió caminando hacia la puerta del sótano y, cuando estuvo enfrente de ella, se detuvo tratando de identificar lo que escuchaba. Parecía una especie de máquina.

Puso su mano temblorosa en el picaporte y, con esa acción, un silencio sepulcral invadió la casa. Como si alguien se hubiera dado cuenta que ella estaba ahí, espiando.

Después de unos breves minutos, lo giró. Para su sorpresa, la puerta estaba cerrada con llave. Asustada, dejó de intentar abrirla y se quedó ahí observándola.

De repente, el mismo ruido que la despertó resonó por toda la casa y unos golpes en la puerta la hicieron retroceder, ¿qué diablos estaba pasando? Sin previo aviso, la puerta se abrió de golpe y unos cuerpos cadavéricos empezaron a salir del lugar.

Sulley se quedó pasmada y se cubrió la cara con las manos. Sabía que, aunque corriera, no podría escapar, pues estaba destinada a vivir con ellos en el sótano.

Anne Kayve

Imagen de anyta111900 en Pixabay

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