Debajo de la cama

Queridos lectores: como suele pasarme, hoy un cuento de terror surgió en mi mente. Traté de plasmarlo exactamente como me la dictaba mi imaginación, espero haberlo logrado.

Debajo de la cama hay un monstruo.

Viene cada noche a verme y a susurrarme todas las cosas que me hará cuando por fin decida matarme.

Cuando me habla, no puedo moverme. Es como si una extraña fuerza se apoderara de mí y me hiciera permanecer quieta; he intentado luchar contra ella pero parece imposible.

También he intentado dormir en otros lados, pero sea cual sea mi lugar de reposo, siempre aparece, puntual a nuestro encuentro.

No creo poder escapar de él; es el dueño de mi vida y de mi muerte.

Lo que no entiendo es por qué no me mata de una maldita vez; tengo la sensación de que se alimenta con mi sufrimiento.

La otra noche, cuando se fue, encontré la cara de la muñeca favorita de mi hija deforme, como si estuviera gritando y sufriendo por ver algo aterrador. Me alteró tanto que decidí arrojarla a la basura, a pesar del valor sentimental que tenía para Lya.

Ahora, cada noche grita, patalea y llora por ella y yo no sé cómo explicarle la verdad. No lo entendería, aún es muy pequeña.

Ayer hablé con mi hermana y le expliqué mi situación; no me creyó. Tuve que ponerme de rodillas ante ella para que aceptara criar a Lya, en caso de que yo faltase. Por alguna razón, yo presentía que el día destinado para mi muerte, se estaba acercando.

Mi hermana terminó cediendo, pero noté en su rostro un sinfín de dudas, como si yo estuviera loca, ¡Incluso sugirió mandarme a ver a un psiquiatra! Yo me negué asustada, pues otro de mis grandes temores es que me encierren y no me dejen disfrutar a mi hija los últimos días que tengo de vida. Sé que probablemente, en un futuro no me recuerde, pero quiero darle todo de mí antes de partir.

Mi hermana llama cada mañana, para ver si logre sobrevivir otra noche más de terror y yo contesto de inmediato, haciéndole ver que puedo estar un día más con mi hijita, que no tiene que preocuparse por mí en otras 24 horas.

Pero siento que esta noche será diferente. Han pasado algunos acontecimientos extraños que me hacen pensar que ha llegado el gran día.

Por ejemplo, en la mañana llegué puntual al trabajo (cuando jamás lo hago, pues el destino siempre conspira para evitar que llegue) y mi jefe me felicitó por mi trabajo, el cual llevo a nuestra empresa al top 10. Además, hoy en la tarde mi bebé dijo por primera vez la palabra “mamá” y no recordó, ni por un momento, aquella muñeca que tire.

Quizá el monstruo se ha apiadado de mí y me quiere hacer pasar el mejor día de mi vida antes de morir.

Llega la hora de acostarnos y trato de atrasar la hora de ir a la cama lo más que puedo; tanto que mi hija se queda dormida en mis brazos. Observo su respiración con ternura y le doy un beso en la frente. Luego le susurro que la amo con todo mi ser y que siempre será lo mejor que pudo pasarme en la vida.

Después, la llevo a su cuna y la dejo lentamente, para que no se despierte. Cuando estoy segura que está todo bien, me dirijo a la sala y marco el número de mi hermana. Como cabía esperar, no contesta así que le dejo una nota de voz encargándole a mi bebé y dándole las gracias por ser mi hermana, por haber crecido conmigo y por haberme amado.

Al final, me dirijo a mi cama y me acuesto. La fuerza aparece de inmediato y me inmoviliza. Una voz tétrica y malévola me susurra al oído:

-Bienvenida al infierno.

Y todo lo que antes me susurraba, ocurre. Ha cumplido con su palabra: todo ha acabado para mí.

Anne Kayve

Imagen de geralt / 20513 imágenes

13 comentarios sobre “Debajo de la cama

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    1. ¡Oh! ¡Vaya! Gracias por comentar. Respeto tu opinión, es muy valiosa para mí.

      Aunque de cierta manera, una parte de mí opina que no todas las historias tienen que terminar bien. Así no pasa con la vida.

      Me gusta

    1. ¡Oh, vaya! Así sirve mi escritura, ¿sabes? me ayuda a sentir que yo tengo el control de la perspectiva que tengo de la vida y decido si ver lo bueno o lo malo. De la misma forma, me ayuda a drenar todo el dolor y lo que me hace sufrir. Eso es lo bello de la escritura.

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  1. Un relato macabro, que invita a reflexionar en qué pasaría si nuestros temores más descabellados se hiciesen realidad. Me recordó mucho a la tónica de algunos episodios de “Yami Shibai”, una serie animada de mini-relatos de terror (3 minutos por episodio, más o menos) que te recomiendo ver si no lo has hecho ya.

    Saludos.

    Le gusta a 1 persona

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