Borroso

Queridos lectores: ¿Alguna vez han vivido algo parecido a lo que voy a narrar? Espero que no, no se lo deseo a nadie.

Vas caminando por la calle, con muchas cosas en la cabeza. Es jueves, por lo que aún hay muchas cosas por hacer. De repente, un pensamiento te asalta y la angustia empieza a dueñarse de ti, ¿Estás seguro que alimentaste a tu mascota? ¿Cerraste la llave? ¿Te fijaste que no dejaste la estufa prendida?

Estás dispuesto a regresar, a pesar de que ya llevabas más de la mitad del camino. De repente, un fuerte dolor en la nuca se adueña de ti. Es tan insoportable que lanzas un grito de dolor. Muchos te voltean a ver, pero nadie se acerca a ayudar; todos tienen sus propios problemas.

En la siguiente estación te bajas y te sientas en donde puedes. Sientes que vas a perder el equilibrio. Sin previo aviso, tu vista se empieza a nublar; las manchitas de colores se han adueñado de tu campo de visión.

Las extremidades te empiezan a hormiguear. Es un esfuerzo titánico intentar moverlas, por lo que te quedas inmóvil, llorando y rogando que alguien se acerque a ti, te ayude.

Pero todos parecen absortos en su propio mundo, ¿Cuándo todos se volvieron tan egoístas? ¡El dolor te está matando! ¡Los necesitas!

Por fin, un pequeño niño se acerca y te toma la mano. Dice que él también está esperando la muerte y te dice que pueden ir tras ella juntos, que él no te abandonará.

¿Ya reconociste esos ojos, ese cabello, ese rostro? Es tu hijo pequeño, el que falleció a los seis años por una enfermedad letal.

Tomas su mano y le dices que estás listo para ir con él; tu hijo te sonríe y dice que estuvo esperando veinticuatro años tu llegada. Lo abrazas, pues mientras más contacto tienes con él, menos dolor sientes.

Y así, tu vida se apaga poco a poco, en esa estación del metro y en ese mundo indiferente que no se dio cuenta que, si hubiera puesto un poco atención, hubiera podido salvar a aquel hombre viejo y solitario de las garras de la muerte.

Anne Kayve

Imagen de PublicDomainPictures en Pixabay

12 comentarios sobre “Borroso

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  1. Un relato desgarrador que saca a relucir la indiferencia y el egoísmo de las personas y el dolor cuando se pierde un hijo. Lo que nos deja de enseñanza, es una lección de vida. A pesar de la tristeza, es una excelente historia. Bien por tu inspiración. Saludos.

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  2. Yo he comprobado la indiferencia de la gente en una estación de metro. Al bajar las escaleras no me di cuenta de que estaba el último escalón. Se me fue el pie, caí al suelo y estuve como 10 minutos sentada en el suelo porque el tobillo izquierdo me dolía tanto que no me podía levantar. Habría 7 u 8 personas en el andén. Nadie se acercó, miraban para todas partes esquivando mirarme. Fue un esguince grave, logré levantarme y subir al metro. Cuando bajé de el bastaron 2 escalones para perder el conocimiento por el dolor. Terminé en el hospital y con escayola. El tobillo quedó bien pero estuvo doliendo 2 años.
    Cuando lo recuerdo lo que recuerdo más doloroso es la indiferencia de la gente. El dolor físico no es nada al lado de la falta de humanidad. Sucedió en Valencia (España).

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    1. ¡Gracias por compartirnos tu experiencia! Y vaya…. se me hace increíble como nadie se acercó para preguntarte si podían ayudar en algo. Espero que ya te hayas curado por completo y que ese dolor a la indiferencia de la gente haya desaparecido. Creo que no nos queda más que ser nosotros los que veamos a los otros como personas, y que no se nos hagan indiferentes.

      ¡Un abrazo!

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  3. Hola. El relato me sacó unas lágrimas de pena por el pobre anciano. Lo peor de todo es que yo hubiese sido de las personas indiferentes que pasaban de largo sin hacer nada. El mundo mejoraría un poco si fuesemos menos egoístas. Y hay que empezar por uno mismo.
    ¡Buen día!

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    1. Muy buena reflexión llena de verdad. Creo que cada vez nos estamos volviendo más egoístas y cerramos los ojos ante el dolor ajeno. No todos, claro, pero espero que sea algo que vaya disminuyendo.

      Me alegra haber logrado hacerte sentir algo con mi texto, eso quiere decir que ha logrado su objetivo de existir.

      ¡Un abrazo gigante!

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  4. Hola Anne, yo viví un episodio muy parecido en el metro hace más de un año. De vez en cuando, me da una lipotímia, sospecho que por estrés. En mi lugar, me tire al suelo del vagón y esperé que se me pasaran los efectos. ¿ te puedes creer que yo en nigún momento esperé ayuda de nadie?, creo que esto también es desolador. Yo lo achaco a la desconfianza que desgraciadamente reina en nuestra sociedad. Gracias por tus relatos. En breve, voy a recomendar tu magnífico blog en el mío. me encanta. Besos.

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    1. ¡Muchísimas gracias por compartir mis escritos! No sabes lo feliz que me hace eso, pues han sido arrancados de mi alma para ser leídos.

      Con respecto al relato, concuerdo que es muy triste la indiferencia con que ahora nos tratamos, ¿Cuándo llegará el día que nos demos cuenta cuanto nos necesitamos?

      ¡Un abrazo gigante!

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