El pequeño domador de dinosaurios #52RetosLiterup (Relato 20)

Queridos lectores: en cuanto vi cuál era el reto de hoy, mi imaginación empezó a volar. Espero les guste el resultado de ese viaje, ¡Les deseo un bonito viernes a todos! ¡Les mando un abrazo gigante!

Reto: Escribe un relato sobre un domador de dinosaurios.

Mi padre me ha anunciado que el gran día se acerca, pues ya he alcanzado la edad suficiente para ver cómo trabaja. Jamás me había querido decir qué actividades realiza ni en donde labora, pero, por fin, el misterio será resuelto.

—Es que era un secreto, hijo. Si lo decía jamás iba a poder regresar ahí, pero ahora que eres candidato para trabajar ahí, te dejaré verme y, si te gusta, te capacitarán.

¿Yo? ¿Candidato a los 16 años?

—¿No soy muy joven para ello?

—En realidad, no. A tu edad aún existe un poco de fantasía y alma de niño, y es lo que se necesita para realizar un buen labor. Además, la capacitación dura años, dependiendo de tus capacidades y tu desempeño.

Le lanzo una mirada incrédula, ¿me está tomando el pelo?

—¡Hey! ¡No me mires así! —Me pide y luego me sonríe para tranquilizarme —Te encantará, te lo aseguro. Pero por hoy, ya no diré nada más. Descansa, hijo.

Se marcha lentamente a su habitación y, cuando cierra la puerta, yo me acuesto en mi cama, con la esperanza de conciliar el sueño rápido para que el día de mañana llegue más rápido. Sin embargo, sus palabras me han dejado intrigado. Siempre he querido saber qué hace, pero ahora que estoy a punto de descubrirlo, ya no estoy tan seguro de querer hacerlo, ¿y si es algo malo? ¿y si mamá lo habría desaprobado?

Entonces, mi vista se dirije a la foto vieja que tengo en mi buro. Ahí está mi madre antes de su enfermedad, sonriendo como si ese instante se hubiera vuelto eterno, ¿Por qué tuvo que fallecer tan pronto por la fiebre que le causaron unos extraños animales? Nadie me ha querido explicar mucho al respecto, pero espero algún día descubrirlo. Sé que estoy cerca de saberlo, ya que se enfermó un día después de que mi padre la llevó a su trabajo…

De repente, me siento en la cama inquieto, ¿y si me pasa lo mismo? ¿Y si me contagio como ella? Pero ella estaba tan entusiasmada, tan llena de vida a pesar de estar enferma… Repetía sin césar que no le importaba morir a cambio de ver la magia que encerraba el secreto de papá.

Después de unas horas, mi cuerpo cae vencido. Sea lo que sea que vaya a pasar mañana, de nada me sirve darle más vueltas. Simplemente me dejaré llevar, pues no creo que mi padre deje que algo me pase ya que de ser así se quedaría solo.

Me despierta en la madrugada, me obliga a ponerme un traje púrpura de material extraño y me da un casco como de motocicleta para mi cabeza. Al principio me resisto a tomarlo, pero al final me dice que si no lo llevo puesto, no me dejarán entrar. Suspiro y me lo coloco. Me siento algo tonto con él puesto, ¿en verdad es necesario?

Subimos a su camioneta y maneja a una velocidad que me impresiona, ¿dónde aprendió a hacerlo tan bien y tan rápido sin titubear si quiera? Quisiera estar feliz, ansioso y a la expectativa, pero no dejo de pensar en mamá.

—¿Qué pasa, campeón? Ayer te vi muy entusiasmado.

—Lo estaba, hasta que recordé que mi madre murió hace ocho años, ¿qué no recuerdas que se enfermó después de que la llevaste a tu trabajo?

Su rostro se ensombrece de inmediato y evita hacer contacto visual conmigo, como librando una batalla interna.

—¿Cómo olvidarlo, hijo? Era el amor de mi vida. Le dije más de una vez que era peligroso, pero me decía que no le importaba, que quería verlos. Que no podía morir sin hacerlo. Así que platiqué con mi jefe y accedió. Tomamos las medidas necesarias, pero no fue suficiente…

¿Verlos? ¿A quiénes? ¿De qué habla?

Cuando estoy a apunto de preguntarlo, entramos a una especie de túnel subterráneo, el cual está iluminado por luces moradas, del mismo tono que mi traje. Con ellas, yo empiezo a brillar, al igual que mi padre, pues ambos tenemos puesto el mismo tipo de uniforme.

Entonces, una entrada secreta se abre y él dirige la camioneta hacia ahí. A los pocos segundos, salimos de nuevo a la intemperie, la cual es completamente diferente, ¿de dónde salieron esas montañas verdes, ese cielo rosa, ese pasto azul? ¡Parece de fantasía! De repente, unas criaturas voladoras captan toda mi atención. Espera un momento, ¿no son aquellos dinosaurios voladores que venían en la enciclopedia que mi padre me regaló cuando cumplí quince años? ¡Ahí decía que se habían extinguido!

—¿Esto es real? —Pregunto impresionado, ¿no sigo en la cama soñando?

El rostro de mi padre se ilumina de nuevo.

—Hijo, soy un domador. Un domador de dinosaurios —Anuncia orgulloso de sí mismo.

Yo pego mi cara al vidrio y mis ojos empiezan a registrar todo lo que veo, ¡Este lugar parece estar lleno de todos los dinosaurios que recuerdo y muchos más!

—¡Es impresionante! ¡No puedo creerlo! —Exclamo y mi corazón salta de alegría. Creo que ahora entiendo a mi madre. Ella quería conocer ese mundo restringido, al cual no muchos podían entrar. Solo que aún no entiendo qué fue lo que salió mal con ella…

Papá apaga el motor del carro enfrente de una gran cueva rosa.

—Hemos llegado al principal domatorio de dinosaurios del mundo.

Bajamos de la camioneta y nos dirigimos a la entrada, en la cual hay un gran policía gruñón. En cuanto nos acercamos nos pide las credenciales y, como tenemos todos los documentos en forma, nos deja entrar.

Mi padre me dirige por los pasillos y al final llegamos a un gran laboratorio, lleno de cámaras.

—Desde aquí monitoreamos a los dinosaurios. Todos están registrados en el catálogo principal —Me explica, señalando con su cabeza un gran libro viejo colgado en la pared —Además de que los traemos aquí cuando se enferman o lastiman.

Después me dirige a un cuarto reforzado, en donde hay una pequeña ventana. Me anima con la cabeza a asomarme y me quedo sin habla cuando veo unos huevos. Estoy maravillado con el lugar.

—¿Y tú? ¿qué haces?

—Estaba esperando que me preguntarás eso —Anuncia y me guía a otra habitación. Ahí hay muchas puertas, dispuestas en círculo.

—Este es mi lugar de trabajo, hijo. En cada uno de esos cuartos hay un tipo de dinosaurio. Son pequeños. Mi trabajo es domarlos para que, cuando crezcan, puedan sobrevivir allá afuera. Es como un tipo de escuela.

Una puerta, al escuchar su voz, se empieza a estremecer y yo doy unos pasos atrás. Mi padre se pone enfrente de mí, en posición de protección. Entonces, un clic suena y la cerradura cede. El dinosaurio que se encontraba ahí, ha logrado escapar y ahora se dirige a nosotros.

—¡Sal, hijo! ¡Sal! —Grita asustado al ver que es, nada más y nada menos que un Tiranosaurio Rex adolescente.

Corro con todas mis fuerzas al laboratorio para pedir ayuda.

—¿Qué pasa? ¿Qué pasa?

—Mi padre, tiranosaurio, escapó —Logro decir sin aliento. Enseguida, los que están ahí van al lugar mientras yo trato de recuperar el aliento.

Una chica, de más o menos mi edad, se sienta a mi lado y toma mi mano.

—Todo saldrá bien, ya verás. Espera un momento, ¿tú eres hijo del domador?

Asiento, sin muchas ganas de hablar. Es guapa, sí, pero estoy más preocupado por mi padre en estos momentos.

—Siento lo de tu madre, el dinosaurio que acarició estaba enfermo de varicela dinosauris. Nadie lo sabía…

Asiento y miro al vacío. Este mundo es fantástico, pero si se lleva a mi padre lo odiaré, lo odiaré con todo mi corazón. Sobre todo por arrebatarme a mis dos padres.

Minutos eternos después, llegan algunos trabajadores. Todos están muy callados. Mi corazón lo presiente, ¡Algo ha salido mal!

El señor que parece tener más autoridad se acerca despacio hacia mí.

—Lo lamentamos mucho. La puerta de seguridad falló y… tu padre ha fallecido.

Me cubro la cara con las manos y dejo fluir las lágrimas. Primero mamá, ahora papá, ¡Estoy solo! ¡Solo!

—Hey, nosotros somos tu familia y, aunque no lo quieras, los dinosaurios también. Te proponemos que te quedes aquí, en este mundo. Estamos seguros que sería lo que tus padres hubieran querido.

Con mis manos temblando, alzo la mirada. Todos me miraban y me suplicaban que me quedara, que perteneciera a ellos.

—Si lo haces, te convertirás en el pequeño domador de dinosaurios —Me anunciaron y mi corazón deja de dudar. Tengo que quedarme ahí y hacer la misma actividad que mi padre hizo por años. Él los amaba, ¿no? y mi madre también. Tanto que dieron su vida por ellos, ahora a mi me toca hacer lo mismo. Tal vez, en el camino encuentre más magia y fantasía que la que existe en el mundo real.

Anne Kayve

Imagen de 12019 en Pixabay

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