El fin del mundo #52RetosLiterup (Relato 36)

Queridos lectores: no puedo creer que olvidé esta sección el día de hoy. Jamás me había pasado, por eso no pude resistirme a ponerla, a pesar de que ya han pasado algunas horas en que publiqué el relato, ¡Pasen un hermoso lunes!

Reto: Comienza un relato con “Estoy en el fin del mundo”.

Estoy en el fin del mundo.

No he vuelto a ver a nadie desde que el terremoto pasó. Yo logré salir de ese edificio viejo en que estábamos refugiados, pero nadie más lo hizo. He estado tres días buscando alguna señal de vida, pero estoy sola. Es deprimente caminar todo el día sin rumbo fijo, sin un destino claro más que el de sobrevivir. La lluvia de fuego, que ocurrió ayer, disminuyen mis posibilidades de encontrar a alguien vivo.

Mamá murió cuando las grandes lluvias inundaron varias partes de la ciudad. Ella se quedó atrapada en un supermercado y el agua entró furiosa, ahogando a todas las personas que se encontraban ahí. Yo me enteré tres horas después de la catástrofe, pero no tuve tiempo de llorar porque papá hizo que mi hermana y yo hiciéramos las maletas para irnos de ahí.

Al principio, pensamos que nuestra ciudad era la única que estaba pasando por ese tipo de desgracias, hasta que llegamos al aeropuerto y nos enteramos que el mundo entero estaba así. No había ningún lugar a dónde huir. Papá trató de conseguirnos un vuelo a algún otro lado, con menos gente y más provisiones, pero todos estaban cancelados. Nadie iba a salir de ahí por ese medio.

—Mis niñas, tranquilas. Papá está aquí y él las protegerá —Nos susurró y nos abrazó. Después, salimos de ahí bajo una tormenta eléctrica enojada. Yo agarraba de la mano a Diana, mi hermana de seis años, mientras él nos guiaba hasta el auto.

Regresamos a casa y nos obligó a juntar toda la comida. Después, puso todas las camas juntas, para que no nos separáramos. Nos prohibió salir. Aseguró que él conseguiría qué comer cuando todo se nos acabará.

Diana no dejaba de chillar y preguntar por mamá, pero yo no tenía corazón para decirle que ya estaba muerta.

—Está pérdida, pero regresará —Aseguraba yo y ella podía irse a dormir abrazada a esa esperanza.

Papá no decía nada, pero su mirada reprobatoria me hizo saber que no estaba de acuerdo en que le mintiéramos, pero teníamos problemas más graves por los que preocuparnos.

—Hoy saldré, Alma. La comida se acaba y no quiero que pasen hambre —Susurró, para no despertar a su hija pequeña —Cuídala y no salgan de aquí.

Con mis 14 años, entendía que era algo que tenía que hacer, pero no pude evitar que mis ojos se llenarán de lágrimas por la probabilidad de no volverlo a ver.

—Tranquila, hija —Me dijo mientras me abrazaba y me besaba la mejilla. Después, salió del departamento 125 y se perdió en el pasillo.

Pasaron horas y días, y papá no regresaba. Diana no dejaba de llorar y yo, a pesar de no tener tantas fuerzas, trataba de mantenerme optimista; pero al día 5 mis esperanzas se fueron. Ya no había más comida.

Pensé en dejar a Diana sola, pero entendí que no podía hacerlo. La abrigué lo mejor que pude y, respirando profundo, salimos de nuestro departamento. El edificio parecía desierto, como si los fantasmas se hubieran adueñado de él, ¿a dónde se habían ido todos?

Cuando estábamos a punto de cruzar la puerta principal, la señora Roberta, la vieja ama de llaves, abrió inesperadamente su puerta.

—¡Niñas! ¡Por Dios! ¡No pensé que hubiera nadie más vivo! ¡Pasen! ¡No dejaré que salgan, es horrible allá afuera!

Ella tenía demasiada comida así que pasamos un mes con ella sin ningún contratiempo o dificultad. Era anciana, sí, pero aún era capaz de moverse y de valerse por sí misma. En todo ese tiempo, no vimos a otro ser humano.

—Todos se fueron el día que tu padre salió por última vez por este edificio —me informó un día que Diana estaba tomando la siesta —Había un fuerte rumor de que el ejército iba a salvar a algunos, pero la condición era que sólo se aceptaría uno de cada familia.

—¿Crees que él…? ¿Nos abandonó por irse? —Pregunté, temiendo la respuesta. La señora Roberta bajó la mirada.

—Él las amaba, Alma; pero siempre fue muy egoísta. Se amaba más a él mismo.

Esas palabras perforaron mi corazón. Recuerdo que toda esa noche me la pasé llorando. Diana era muy pequeña para entenderlo, pero me abrazaba para hacerme sentir mejor. Ahí fue cuando me prometí que nunca la abandonaría yo.

Entonces, pasó el terremoto. Yo estaba asomándome en la ventana para ver si veía a alguien pasar cuando el piso empezó a tambalearse. Mi instinto me hizo buscar a Diana y a la señora Roberta, pero el movimiento era tan fuerte que el terror se adueño de mí y no tuve otra alternativa que salir por el gran ventanal que daba a la calle.

Justo cuando salí, vi como el edificio entero se venía abajo. Dejando bajo de sí a mi salvadora, la señora Roberta, y mi pequeña hermanita, Diana. Mi mundo emocional se derrumbó, al igual que lo estaba haciendo el mundo físico.

Y aquí estoy, vagando por la ciudad, sola, hambrienta… en el fin del mundo.

Anne Kayve

¿Te ha gustado mi relato? ¿Te gustaría apoyarme para seguir escribiendo? ¡Sólo entra a https://ko-fi.com/annekayve y descubre cómo! ¡Un abrazo a todos!

Imagen de ractapopulous / 2998 imágenes en Pixabay

13 comentarios sobre “El fin del mundo #52RetosLiterup (Relato 36)

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  1. Pareciera que estuvieras relatando tu popia experiencia. No sabemos lo que hay allá, en el almacén del subconsciente o mejor dicho, del inconsciente; en otros ámbitos lo llamarian.., recuerdos akashicos, lo cual está emparejado con la idea de que el tiempo es cíclico y que todo se repite de igual forma, aunque no se trata de una sola historia sinó de una concanetación de escenas diferentes a lo largo del ciclo del mundo siendo cada uno de nosotros los actores con distintos nombres, con distintos cuerpos y con la misma alma siempre. Así esos recuerdos se van almacenando cada vez más profundo hasta convertirse en leyenda.

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