Llamada perdida

Queridos lectores: es real que varios puntos de mis relatos coinciden con la realidad. Sin embargo, también son muchos más los que mi mente inventa, creando miles de historias con realidades alternas…

Después de diez llamadas inútiles, empiezo a dar vueltas en mi habitación. El pánico ya se ha adueñado de mí y Lyan sigue sin aparecer. En un impulso, agarro mi abrigo y mis llaves y me dirijo a la puerta para ir a buscarlo. Sin embargo, mi cerebro me recuerda que no tengo idea de dónde podría estar, así que regreso a mi habitación y vuelvo a intentarlo.

Nada. Nadie contesta del otro lado de la línea, ¿dónde se ha metido? Después, decido buscar de nuevo en sus redes sociales alguna pequeña pista sobre su paradero, pero no encuentro nada, pues mi único hijo no es tan fan de ese tipo de sitios de Internet.

—¡Mierda! —Suelto muy molesta y empiezo a buscar entre sus amigos, pero no tengo idea de a quién enviarle mensaje, ¿cómo es posible que haya estado tan metida en el trabajo que ni siquiera tengo idea de con quién se junta mi hijo?

Estallo en llanto de frustración y poco a poco me quedo dormida. Cuando despierto, por unos momentos no recuerdo qué está pasando. No obstante, cuando recuerdo, veo directamente mi celular.

Tengo una llamada perdida de Lyan. Solo una. Hace dos horas. Devuelvo la llamada lo más rápido que puedo, pero, para mí sorpresa, esta vez no entra. La operadora me dice que la línea ha sido cancelada.

Mi desesperación va en aumento y decido llamar a la policía. Sin embargo, ellos me dicen que debo esperar las 72 horas protocolarias.

—Váyanse a la mierda —Grito al teléfono y cuelgo furiosa. Después, voy a la habitación de mi hijo para ver si descubro alguna pista y, para mi sorpresa, lo veo durmiendo como si nada en su cuarto.

Llena de emoción lo voy a abrazar. Él se despierta asustado.

—Mamá, ¿qué tienes? —me pregunta extrañado.

—Nada hijo, solo tuve una pesadilla. En ella, una llamada perdida se convertía en mi tormento.

—Creo que tomaste demasiado café —Bromea y le beso de nuevo en la frente. No quiero irme por miedo a que desaparezca de nuevo, así que me duermo a su lado. Él no se queja y me abraza.

Después caigo en la cuenta que es mi inconsciente el que me está jugando mal. La llamada perdida fue el único grito de ayuda que me pidió su padre hace quince años y yo, yo.. No contesté para salvarlo…

Anne Kayve

Imagen de JESHOOTS-com en Pixabay

14 comentarios sobre “Llamada perdida

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