Su mayor don

Queridos lectores: ayer me quedé dormida infinitamente, ignorando todas las obligaciones que tenía, ¿Lo disfruté? ¡Claro que sí! Sin embargo, hoy siento algo de remordimientos. En lugar de lamentarme por ellos, decidí escribir de eso, ¡Un abrazo!

Claudia tenía un don y yo se lo envidiaba, ¡Cuánto hubiese dado yo por tener lo mismo! Pero mi hermana, en lugar de disfrutarlo, lo maldecía. Siempre que podía lo hacía y era una infinita pelea que teníamos, ya que yo me molestaba cuando decía que sería más feliz si no lo tuviera.

—¡No sabes lo que dices!

—¿Cómo no, Minerva? —Gritaba furiosa —¡Es horrible!

—¿Cómo dormir sin que nada perturbe tu sueño puede ser horrible? —Cuestionaba yo, también enojada y con ojeras de mil noches de angustias.

—Puede ocurrir un terremoto y nada me despertaría, ¡Moriría aplastada!

—¡Y dale con los sismos! No-va-a-pa-sar.

—¿Y si alguien llama en la madrugada, por una emergencia? ¡Sabes que el teléfono tampoco me despierta!

Yo me quedaba callada, sin saber que decir. Después, ella se iba a su habitación y azotaba la puerta. A los pocos minutos, cuando yo me había arrepentido, iba a verla y, para mi sorpresa, la mayoría de las veces estaba infinitamente dormida.

Yo adoraba ver dormir a Claudia, ya que su sueño me transmitía tranquilidad y una paz interior extraña. Era como si hubiera un ángel enfrente de mí y yo tuviera que cuidarlo. Por ello, cada vez que peleábamos y esa escena se repetía yo le dejaba una rosa roja (la más grande que encontraba) a su lado, para que supiera que yo amaba su don de dormir sin preocupaciones, pero también para que recordarle que yo la amaba a ella más que nada en el mundo y que estaba agradecida de que fuera mi hermana. Mi sangre, mi familia, mi única gran mejor amiga.

Claudia cuando despertaba, aunque tuviera que ir a la escuela, siempre iba con la hermosa rosa roja y me abrazaba, pidiéndome disculpas por renegar de lo que ella misma es. Así, ambas aprendimos a aceptar todo lo que teníamos y a valorarlo, aunque no nos gustara del todo. Poco a poco, yo fui dejando de envidiar su don de dormir sin angustias y ella dejó de renegar de él.

Pero sobre todo yo entendí que ella era en realidad mi mayor don.

Anne Kayve

Imagen de cuncon en Pixabay

6 comentarios sobre “Su mayor don

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    1. En ese caso: ¡Bienvenido a Entramado de sentimientos! Espero lo disfrutes y me acompañes, día con día, a los universos paralelos que crea mi cabeza.

      ¡Oh! Es interesante tu pregunta, pero primero me gustaría saber, ¿qué piensas tú que es real o qué un simple invento? Así podré darme una idea de qué tanto meto partes de mi misma en mis relatos.

      ¡Un abrazo!

      Me gusta

      1. Que sutileza, pues real me refiero a tu vida práctica o material, la otra parte es la ficción, lo que sólo existe en tu mente. Si no deseas decirme la verdad poco importa, porque el relato no pierde valor alguno. Solo es mi curiosidad. Gracias por responder.

        Le gusta a 1 persona

      2. Claro que quiero responder, es sólo que quería saber más o menos qué imaginabas que era ficción y qué real.

        La verdad fue que suelen decir de mí que casi nada perturba mi sueño y de ahí salió la idea: tenía que ser una chica a la que nada le impide dormir. Lo demás lo aportó mi dulce imaginación y la imagen que ilustra el texto.

        ¡Un abrazo!

        Le gusta a 1 persona

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