Ojos llorosos

Queridos lectores: hoy desperté enferma. Las ganas se han ido de mi cuerpo, mi cuerpo no reacciona como normalmente lo hace y mis ojos están llorosos. Tanto quisiera descansar, pero es lunes así que hay que hacer las actividades obligadas. Sin embargo, me daré el tiempo de hacerlas al ritmo que lo permita mi gripe. Gracias a mi estado anímico, mi relato será sobre cómo me siento en estos momentos, ¡Un abrazo!

Hoy Lury se siente mal. Hace mucho tiempo que no se sentía así. Es como si el virus hubiese esperado el mejor momento para hacer que se cayera totalmente, tanto física como emocionalmente; pero hoy la chica tiene que ir a la escuela y a trabajar. Quisiera no tener que hacerlo, pero es una obligación que tiene que realizar, cueste lo que cueste.

Así que se levanta con pesar, muy somnolienta y con un fuerte dolor de cabeza. Se toma una pastilla (se está auto medicando, por supuesto) y empieza a arreglarse. Su cara se ve pálida y sus labios partidos. Afortunadamente, existe el maquillaje, el cual la ayudará a ocultar su cara maltrecha.

Cuando termina, se ve al espejo y lo que ve no la convence, pero ya tiene que iniciar su día. Sale a buscar algún autobús en el cual treparse, pero lo hace tranquila. Sabe que tiene que respetar su cuerpo y sus sentimientos. Sabe que no está mal estar un día así.

Llega tarde, claro. No ha corrido para alcanzar a llegar puntual. Siempre lo hace, sus jefes la entenderán. Muchos de sus compañeros se dan cuenta que no anda muy bien y evitan hablarle; saben que es mejor dejarla descansar y hacer su trabajo. Ella lo agradece en silencio.

El día pasa lento, pero haciendo sus deberes logra distraerse, ya no está tan mormada y ya no tose tanto. Cuando sale va directo a la universidad. Sabe que por una clase que no vaya, no pasa nada, pero quiere estar ahí. Prometió no fallar ni en el trabajo ni en la escuela.

Ahí el ambiente es más tranquilo y divertido; son jóvenes así que siente, por unos momentos, que el día ha valido al pena. Sabe que va a odiar su vida cuando ya no pueda ir a ese lugar que tanto la hace distraerse y tener esperanzas. Trabajando y estudiando al mismo tiempo es como si viviera en dos mundos. El primero no le gusta, prefiere el despreocupado y lleno de metas y fantasías.

A pesar de que se siente mejor, sus ojos siguen llorosos. Todos sus amigos se lo han dicho. Ella sonríe tímidamente ante ese comentario y les dice que tiene derecho a tenerlo así, por su enfermedad. Que debe respetar cómo se siente y escuchar a su cuerpo. Sus amigos la abrazan y ella se siente mucho mejor.

Sus ojos siguen llorosos, su cuerpo está cortado, pero su alma está feliz, se está curando. Poco a poco terminará de hacerlo y ella lo reflejará en su salud física. Sólo es cuestión de tiempo, Lury, no desesperes.

Anne Kayve

Imagen de StockSnap en Pixabay

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