Ser hielo

Queridos lectores: el siguiente texto fue inspirado por una plática que tuve con una persona ayer. Espero lo disfruten.

La empresa “Ser hielo”, por fin, ha llegado a mi país. Había escuchado mucho de ella en las noticias, pero no pensé que esa tecnología fuera llegar a mi comunidad. Sin embargo, el ser humano está tan decidido a controlar el tiempo que no busca más que maneras para hacerlo. Esa compañía lo ha hecho de manera exitosa: ha logrado congelar a las personas, por el tiempo que se solicite. Durante ese periodo, no tienen que comer, ni evacuar, ¡Ni siquiera envejecen! Es decir, si lo decides, puedes ser congelado mil años, para vivir tu vida en el futuro. Lo malo: no cualquiera puede contratar su servicio. Es demasiado caro. Lo bueno: tengo ya dinero ahorrado y puedo trabajar un poco más para conseguir el resto.

Nunca me he sentido parte de esta época, así que yo quiero congelarme por ciento cincuenta años. Mis padres están totalmente en contra y algunos de mis amigos cercanos también, pero ya he tomado mi decisión. Les he pedido que lo hagan conmigo, pero se niegan a hacerlo. Tienen miedo de que salga mal y que no puedan descongelarlos en un futuro. Dicen que no quieren morir así. Entiendo su miedo, pero yo no puedo vivir así. Está decidido: todo mi dinero lo dedicaré para eso.

MI hermana pequeña, Leyla, llora cuando hablo de eso, pues dice que será como si decidiera morir. Así que le digo que lo haga conmigo, que junte el dinero cuando crezca y se congele para despertar al mismo tiempo que yo. Al principio se entusiasma, pero cuando logró juntar el dinero, se vuelve a enojar conmigo. Creo que no está convencida de hacerlo. Le digo que me acompañe, para que vea cómo me lo hacen a mí, pero termina yéndose corriendo. Me parte el corazón, pero tengo que ir a la sede de la empresa o perderé mi lugar.

No me despido de nadie, no quiero que me detengan.

Cuando llego al lugar, un nudo me cubre la garganta. Hay algunas personas esperando, como yo. Al final, después de una plática informativa de lo que vivirá nuestro cuerpo en ese tiempo de congelamiento, nos llevan por una especie de cueva de nieve. Miro hacia atrás en donde hay unos cristales para despedirse de las personas que desean acompañarnos y veo a mi hermanita diciéndome adiós con su manita. Entonces, me doy cuenta que ya jamás la volveré a ver. Una sensación de impotencia se adueña de mí. Estoy a punto de correr hacia atrás, pero regreso mi vista hacia la cámara donde descansaré los próximos ciento cincuenta años y entro, con miles de lágrimas brotando de mis ojos. Ya en un futuro, me lamentaré de mi decisión.

Anne Kayve

Imagen de Pexels en Pixabay

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