Cuarentena [Relato inspirado en: el coronavirus]

Queridos lectores: en México, cada vez se están detectando más casos de coronavirus, lo cual me hace sentir que estamos cerca de un desastre inminente. Espero equivocarme. El siguiente relato muestra un poco la realidad que imagina mi cabeza, espero lo disfruten.

Desde que me detectaron el virus, me la he pasado encerrada en esta cárcel. Todos me piden que no la llame así, pero eso es lo que es, ¿qué no se dan cuenta de los barrotes, de los sistemas de seguridad? Las enfermeras más amables, aseguran que más bien era un hospital abandonado, el cual ha sido restaurado para atendernos a todos los que hemos contraído la enfermedad, pero yo estoy segura que no es así. Siempre les gritó que mienten, y ellas, con toda la paciencia del mundo, me regresan a mi celda y me encierran como castigo a mi impertinencia. Sé que quieren guardar la calma, pero yo ya la ha perdido. Llevo treinta días aquí y con cada día que pasa, estoy más segura que no saldré. Ni pronto ni nunca. Así que sólo me queda una cosa por hacer: escapar.

Leyly, la persona más cercana a mí en estos días de tortura, sabe mi plan y no está de acuerdo. Asegura que no debo ser tan egoísta como para dejar que más gente se contagie, pero ella no entiende. Sigue con la esperanza de que pronto encontrarán la cura y nos sacarán de aquí, ¿no se da cuenta que para eso pueden tardar días, semanas e, incluso, meses? Además de que no seremos los primeros en recibir los medicamentos. Los pobres siempre vamos al final. Y yo… yo… yo no quiero morir en este lugar frío, tenebroso, desolado. Quiero ver por última vez un amanecer, jugar con las olas del mar, reír sin parar y correr por el pasto libre. Quiero llevarme un recuerdo diferente de esta vida terrenal. Todo menos la desesperanza que me embarga en estos momentos.

—Pero… ¡Fátima! ¡Abre los ojos! Si descubren qué quieres hacer, te matarán. No quieren que el virus se esparza más.

Asiento lentamente, algo pensativa. Sé que tiene razón y que necesito una buena estrategia para hacerlo y algo de ayuda, de ser posible.

—Ven conmigo —Le pido.

Ella niega de inmediato, sé que tiene miedo. Toda su vida lo ha tenido.

—¿Qué es lo peor que podría pasar?

—Morir.

—Leyly… de todas maneras, lo vamos a hacer y prefiero hacerlo en un lugar bonito y no en una cárcel.

Ella agarra mi mano. Creo que la he convencido al fin. Entonces, la planeación empieza. El primer paso: observar los movimientos de todos nuestros carceleros, paso número dos: conocer la infraestructura del lugar. No es un tarea fácil y nos lleva meses, pero cuando lo logramos, nos reunimos y nos damos una palmadita en la espalda, alegres. Hemos hecho un excelente trabajo. Entonces sólo falta fijar la fecha del escape, la cual la fijamos en una semana.

Sin embargo, en ese tiempo pasó algo que no teníamos contemplado: Leyly empeoró. Primero trató de hacerse la fuerte para que las enfermeras no la metieran en la sala especial de cuarentena, pero al final, apenas podía respirar. El virus ya había logrado llegar a sus pulmones. Nadie sabía por qué o cómo era que el virus decidía un día empeorar, pero cuando lo hacía, ya no había marcha atrás. La muerte era segura. Por eso, todos los pacientes terminales estaban destinados a otra sala, para evitar que otros empeoran, aunque no había pruebas de que eso se contagiara.

Cuando vi su celda vacía, el deseo de irme desapareció por completo. Lo único que quería era tenerla a mi lado. Era la única que me había mostrado amor en esa cárcel, la única a la que yo le importaba. Cada día empecé a ir al cuarto de cuarentena, a verla por la ventana que habían dispuesto. Ella apenas se movía, apenas respiraba.

Poco a poco, su vida se fue apagando junto con mi esperanza de vivir. Los planes que teníamos ya no quería hacerlos, no sin ella así que fui resignándome a no salir de ahí nunca más. Entonces, sucedió. Yo también empecé a empeorar, lo cual ocasionó mi traslado al cuarto de cuarentena (no está de más mencionar que se llamaba así porque las personas que entraban, ya no vivían más de cuarenta días). Pero en ese momento, no me importó morir, pues estaba a punto de reunirme con Leyly. Nunca más estaríamos separadas, nunca más.

Anne Kayve

Imagen de Ichigo121212 en Pixabay

4 comentarios sobre “Cuarentena [Relato inspirado en: el coronavirus]

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