Mi verdadera razón para vivir

Queridos lectores: debo confesar que el siguiente escrito está inspirado en alguien. Sé que tal vez nunca lo lea, pero espero que siempre siga siendo la persona que es hoy, ¡Un abrazo a todos!

Me llamo Gerardo y tengo 87 años. Estoy en esa etapa, a la que unos llaman: “La cercana a la muerte”. Han dejado de preocuparme las cosas mundanas y tengo que cuidar lo que como. También debo mantener una rutina de ejercicios muy estricta, para que la enfermedad que tengo no me lleve pronto. Mis hijos ya no viven conmigo y rara vez me hablan.

Al principio, me costó mucho entender que estaba envejeciendo y no me di por vencido. Mis compañeros de mi generación se empezaron a jubilar, pero yo decidí seguir yendo a mi espacio de trabajo. Ahí me sentía útil y perteneciente a un lugar. Después de caerme de las escaleras, me di cuenta que ya no podía mantener el estilo de vida que había llevado así que me jubilé.

Al principio me sentí perdido, pero no me arrepiento de haberlo hecho, ya que sólo así pude descubrir mi verdadera razón para vivir: los libros. Ahora, cada mañana voy con uno de ellos a sentarme a aquella banca vieja del parque. He encontrado mi lugar.

Anne Kayve

Imagen de José Manuel de Laá en Pixabay

4 comentarios sobre “Mi verdadera razón para vivir

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