Un último intento

Queridos lectores: ¿qué tanto puede llegar una madre a su hijo para hacer lo que sea por él? Podemos descubrirlo en el siguiente relato, ¡Un abrazo!

Mi madre me legó muchos libros y yo, un ser para nada lector, decidió regalarlos a la biblioteca de mi pequeña ciudad. Fui visto como un héroe por la mayoría y, sin embargo, ahora me arrepiento de haberlo hecho. Debí haberlos revisado antes de darlos.

Hoy, después de diez años, me he enterado que he regalado un tesoro invaluable. No por su valor comercial, está claro, sino por su valor sentimental hacia mi persona.

Un chico me llamó en la mañana preguntando por mí y me dijo que el libro que había pedido prestado tenía un sobre con mis datos. Me sorprendí mucho porque no me acordaba de la donación, así que le pregunté el título y me quedé helado. Era el favorito de mamá, por lo que le pedí que nos viéramos para que me diera el dichoso sobre.

Nos vimos esa misma tarde. No omito mencionar que estaba muy nervioso, pues hace tiempo que no pensaba en mamá y su fascinación por todo lo que tuviera letras.

El chico llegó puntual y me tendió el libro.

-Creo que tiene un mensaje ocultó y el sobre es el código para descubrirlo.

Asiento lentamente y con manos temblorosas veo las últimas palabras que me escribió la mujer que me dio la vida.

-Querido Enrique: siento mucho no haber logrado que amarás la lectura como yo. Sin embargo, desde la tumba haré mi último intento. En este libro hay algunas palabras encerradas. Tu misión es juntarlas para lograr averiguar el significado de ellas. Te amo, hijo, en esta y en la otra vida.

Con un nudo en la garganta le pido al chico el libro y ante su mirada confundida empiezo a leer cada uno de los párrafos ahí plasmados. Para mi sorpresa, la historia empieza a envolverme y a gritarme en la cara una gran verdad: mi madre había escrito un libro para mí y yo no lo sabía.

Unas lágrimas asoman en mis ojos cuando llegó al final. El chico me mira y simplemente dice:

-Sí, es un libro muy conmovedor, ¿lograste descifrar el mensaje?

Asiento lentamente, sabiendo que el verdadero mensaje era el libro y no las miles de palabras subrayadas con tinta azul marino.

-Gracias, chico, gracias -Le digo pagando la cuenta y devolviéndole el libro. Él no pregunta nada más y yo me voy sin mirar atrás, con la firme idea de que a partir de hoy me encargaré de leer todo lo que tenga en mis manos, por ella.

Anne Kayve

Imagen de Peter H en Pixabay

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